sábado, 16 de agosto de 2014

Boicots y vetos

[Artículo publicado por el director de GASTRO ARAGÓN en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, del viernes, 15  de agosto]

Se ha escrito aquí repetidas veces que, si como ciudadanos opinamos una vez cada cuatro años –al menos de momento−, como consumidores lo podemos hacer continuamente. Eligiendo aquellos productos que, desde la ideología de cada cual, respeten unos mínimos, o máximos, éticos o sociales.
De hecho, existía una revista en California –que probablemente resista en la red− que iba desvelando diferentes informaciones acerca de los negocios de cada empresa, alimentaria o no, para que cada cual extrajera sus conclusiones. Con lo que los lectores podían saber que tal productor de ketchup participaba, además, en una industria armamentística, decidiendo utilizarlo con su hamburguesa, o no.
Ciertamente las cosas no son tan sencillas y las multinacionales ya se preocupan de sumarse al carro de lo ‘políticamente correcto’ cuando ven peligrar su cuenta de resultados. De ahí algunos de los renovados ‘comercios justos’ de grandes empresas, que acaban de ‘ver la luz social’ o los crecientes estantes de las grandes superficies dedicados a la producción ecológica, alimentos sin transgénicos o productos para celiacos, por ejemplo.
O, como acabamos de ver, estas opciones de compra pueden convertirse en vetos y armas de presión política, como acaba de suceder con la decisión del gobierno ruso de prohibir la entrada de diferentes productos agroalimentarios de la Unión Europea, algo que afecta especialmente a Aragón y su sector primario. Sin que la respuesta simétrica, dado el nivel productivo ruso, parezca muy eficaz.
Asunto diferente resulta el de Israel, estado del que muchos acaban de descubrir que sus productos comienzan en el código de barras por 729 –y ya hay quien dice que están cambiando de número−, a la par de que resulta ser un gran exportador de hortalizas y frutas.
No será uno quien llame al boicot directo al consumo de dichos alimentos, pues ya somos mayorcitos para decidir. Pero estar en posesión de los datos sí ayuda para quienes creen en el consumo local.

Y todos los días.

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