sábado, 24 de marzo de 2012

Zaragoza


 [Artículo publicado por el director de GASTRO ARAGÓN en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, del viernes, 23 de marzo}
Creía uno, que también es de pueblo como la mayoría de los zaragozanos, que aquellos enconados debates Zaragoza contra Aragón, estaban ya superados. Que era posible la coexistencia de una ciudad que se pretende europea con un entorno rural dinámico y moderno. Aunque no es menos cierto que nuestros políticos siguen siendo incapaces de definir el estatus de la capital de Aragón; sean de color que sean.

Lo que tienen las sobremesas, especialmente al calor de los buenos vinos aragoneses, es que el personal larga —incluso sin tabaco— y se sincera. Y si éstas son mesas de cualquiera de las tres provincias aragonesas, incluidas las dos capitalitas, suele aparecer el rol de Zaragoza. Y nunca para bien, como puede confirmar el que suscribe, de Zaragoza, pero también de pueblo, aunque grande y también capital, Ejea de los Caballeros.
Y nunca para bien. Zaragoza contra Aragón, de nuevo. Se quejan de que todo se cuece —nunca mejor dicho— en la capital, que los zaragozanos salen poco —cierto— y gastan menos —más dudoso—, que no atienden a su entorno, que es quien le alimenta. No les falta razón, ciertamente, pero resulta vano enconarse en un discurso victimista.
Si se mira desde otra perspectiva, la cosa cambia. Y así debe hacerse. Una megapolis de casi un millón de habitantes, rodeada de un entorno natural, bastante intacto para como están las cosas, tranquilo y con buenos servicios. Es decir, un amplio mercado potencial para consumir las producciones locales de calidad; miles de personas susceptibles de comprar escapadas y excursiones de un día o dos; y, además, con un cierto sentimiento de culpabilidad, que habría que aprovechar desde lo rural.
Oscenses, turolenses, habitantes del cuarto espacio o como se denomine ahora: ¿y si dejan de llorar y se dedican a vender? No será por falta de tiempo, capacidad o potencialidades?

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