viernes, 4 de enero de 2013

A lo largo del año se alternaron nacimientos y cierres de restaurantes



El Trasgo, uno de los restaurantes que abrió en 2012.

[Artículo publicado en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, del viernes, 21 de diciembre]

Concluye un año más que convulso para la hostelería aragonesa. En el que hemos visto cierres, bastantes, pero también aperturas de bares y restaurantes. Doce meses en que la afluencia de clientela ha descendido de forma notable, sin que las escasas celebraciones navideñas permitan salvar el año.
Quizá por ello crecen las jornadas gastronómicas, las catas, las promociones —a la callada— a través de cupones de descuento en internet, los menús de bajo coste, etc. Todo parece servir a la hora de “cazar” clientela. Sin embargo, muchos no han entendido que hemos enterrado ¿definitivamente? un modelo de entender la hostelería.

Sin pecar de pesimista, no volverán a llenarse las noches de domingo a jueves; las cenas de empresa y empresarios seguirán a la baja, o con precios muy limitados; bastantes celebraciones se desplazarán a los propios domicilios —y eso que no están preparados— o simplemente desaparecerán; y los restaurantes concentrarán su actividad en días de fiesta y fines de semana. Por otra parte, vuelve la cocina de cuchara, se estanca la innovación y las sorpresas, y las sobremesas serán la excepción. Tal es el panorama, lo que ha dado 2012 y lo que deparará el próximo año. Y es menester asumirlo, si se quiere sobrevivir.
Constantes aperturas
Lo que no implica que no se abran restaurantes. En Zaragoza, el año que termina ha sido especialmente pródigo en aperturas, de todo tipo. Singular relevancia es el descubrimiento de nuevos espacios, como el restaurante que abrió El Cachirulo en el Teatro Principal —Coso, 57. Zaragoza. 976 207 661— en la antigua cafetería; una cocina informal, con un menú por 18 euros al mediodía y más libertad por la noche. También en un teatro, el de las esquinas del psiquiátrico, ha abierto La Farándula —Vía Univérsitas, 30-32. Zaragoza. 9786 489 234—, a cargo del televisivo cocinero Daniel Yranzo, que también apuesta por una cocina y servicio desenfadados y modernos, con referencias a las cocinas del mundo.
En otra línea se sitúa El TrasgoJosefa Amar y Borbón, 8. Zaragoza 722 210 102—, hermano mayor del originario de Pamplona Escudero, que se mantiene como sidrería, que apuesta por una cocina de vanguardia, espectacular en sus menús degustación, sin descuidar ni la cocina más tradicional, en sus dos comedores, o las tapas de diseño en la barra.
También en el centro, Siendra —Pl. España, 6. 976 093 789—, bajo la misma dirección que El Molino de san Lázaro, actualiza el concepto de casa de comidas, con raciones y menús asequibles en precio, sabores y propuestas reconocibles, con un toque de modernidad.
Línea a la que se suma el renovado Umai —Coso 11. Zaragoza. 876 707 274—, el comedor del histórico Hotel Oriente, que actualiza sus propuestas tras 105 años de historia. La tradición zaragozana y la cocina de viajes son su fuente de inspiración. En esta línea de renovación, El Cachirulo estrenó oficialmente su comedor de verano, conocido como la Casa de las Hiedras —Ctra de Logroño, km. 1,5. Zaragoza. 976 460 146—, que permite comer al aire libre en un entorno diferente, plagado de vegetación y curiosos elementos ornamentales; con la renovada cocina de la casa.
Cierra el capítulo de estrenos, el complejo Aura — Avda. Ranillas, 7. Zaragoza. 976 525 480— con su comedor de carta, que puede presumir de las mejores vistas, nocturnas y diurnas, sobre la ciudad de Zaragoza. Cocina evolucionada a orillas del Ebro.
Finalmente, hay que recordar la incorporación de una nueva estrella a la que ya ostentaba La Bal d’Onsera –Blasón Aragonés, 6. 976 203 936—. Merecido reconocimiento para La Prensa —José Nebra, 3, Zaragoza. 976 381 637— que, silenciosamente y desde el barrio de San José, ha ido pergeñando una cocina propia y personal, moderna, acompañada de un excelente servicio de sala, con una impresionante bodega.

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