sábado, 20 de diciembre de 2014

Con dos

[Artículo publicado por el director de GASTRO ARAGÓN en EL PERIÓDICO DE ARAGÓN, del viernes, 19  de diciembre]

Sí señor, con dos gónadas. Habló Lobón: «El Gobierno de Aragón está a favor de los transgénicos» e hizose el silencio. No era para menos, pues nos encontrábamos en plena rueda de prensa para presentar la nueva junta del Comité Aragonés de Agricultura Ecológica, y no parecía el mejor momento para posicionarse de forma tan rotunda. El nuevo presidente, José Miguel Sanz, con exquisita educación, replicó obviamente que ellos no.
El señor Lobón y el gobierno del que forma parte pueden estar a favor de los cultivos transgénicos; es legítimo y –de momento− legal. Y será la ciudadanía la que con sus votos refrende o no tal postura. Pero como suelen escribir los columnistas avezados, en política los tiempos y los gestos son tan importantes como los contenidos. Y no parecía el mejor momento para una afirmación tan radical, rodeado por esa nueva junta de profesionales del campo que han optado por una agricultura sostenible y sin productos químicos de síntesis.
(Paréntesis: Syral, la antigua Campo Ebro, una de las mayores transformadoras de maíz de España, no puede comprar su materia prima en Aragón, debido, precisamente, a la ingente presencia de esos organismos modificados genéticamente en nuestra tierra que, sostiene el firmante, sus consecuencias no han sido suficientemente analizadas.)
Pero el consejero iba a lo suyo. De hecho pareciera que su apoyo a la agricultura ecológica provenía antes de la existencia de un amplio nicho de mercado –economicismo−, que del convencimiento de su necesidad. Que la tiene.
Es una opción, pero la producción de alimentos, que es de lo que estamos escribiendo, no ha de regirse por ralos criterios economicistas o de falsas rentabilidades. Claro que puede ser rentable el panizo, aunque quizá si computaran las infraestructuras que pagamos entre todos; las contaminaciones y efectos invernadero, que sufrimos la población; los costes sanitarios de alergias y enfermedades relacionadas con una mala alimentación, que, sí, también pagamos los ciudadanos, las cifras serían radicalmente diferentes.

Apoye pues el consejero por las razones que sea, pues productores y consumidores de lo ecológico también pagamos impuestos y creamos riqueza.

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